El duelo es un lugar.
Un territorio silencioso al que nadie llega sin haber amado.
Un espacio sagrado donde algo vivió intensamente,
pero ya no está.
Yo he dejado de pelear contra mi tristeza.
Porque entendí que el dolor no es enemigo,
es testigo.
No se “supera” una pérdida que quebró el alma.
Se integra.
Se aprende a caminar cojeando,
hasta que un día, sin anunciarlo,
vuelves a correr,
llevando esa ausencia contigo
como quien lleva un tatuaje invisible.
El amor no desaparece cuando la persona se va,
ni siquiera cuando se transforma en extraña.
Ese amor se queda en los ecos de una risa,
en una foto guardada en el tiempo,
en una canción que ya no puedo escuchar igual,
en el silencio lento de un domingo que antes era de dos.
El dolor que siento hoy…
es directamente proporcional al amor que di ayer.
Y no es un castigo.
Es evidencia.
Es huella.
Es memoria de lo que fui capaz de sentir.
Me permito llorar.
No tengo un reloj para sanar,
ni una fecha de caducidad para extrañar.
Algunos días pesaré más,
otros —quizá— sonreiré al recordar.
Y ambos serán días válidos,
ambos serán parte de este viaje.
Honro mi dolor, porque es sagrado.
Porque, a pesar de la sombra,
tuve la fortuna inmensa
de conocer un amor que, aunque roto,
fue tan real que su ausencia
aún ocupa un lugar imposible de llenar.
Y aquí sigo.
Cicatrizando.
Aprendiendo.
Respirando.
Porque el duelo también es un lugar desde el cual, algún día,
volveré a nacer.
El hombre promedio se pierde en un laberinto de dudas: compara opciones durante semanas, pregunta opiniones a todos, espera el “momento perfecto”… y cuando por fin se mueve, la oportunidad ya cambió de lugar.
La indecisión no es neutral: es un drenaje de energía, de tiempo y de respeto propio. Invertir en ti mismo también es entrenar tu capacidad de decidir con claridad y velocidad. No hablo de impulsividad, hablo de un proceso simple: defino objetivo, evalúo lo esencial, asumo un riesgo medido y ejecuto.
La acción oportuna te da ventaja real: estás aprendiendo mientras otros siguen pensando.

Al menos así lo considera Enrique Meza Director del Instituto Cybertronic, un centros de estudios en Ciudad del Este.
"Actualmente la tecnología es vital para todos y se encuentra en cualquier lugar, es parte de la vida cotidiana, la automatización, y la robótica están en todo, en los celulares, en las computadoras, en los hogares; en nuestros cursos les mostramos que hoy en día casi todo lo que usamos tiene elementos de robótica", explicó nuestro entrevistado.
Y agregó que los cursos de Cybertronic no son meramente clases para armar un robot, sino que pueden ser semillero para futuros ingenieros en robótica o para alguna área común.






